Escrito por: Emilia (Chela) Rodrí­guez Acha.
Profesora de Lengua y Literatura.

 

Pauza, Capital Cervantina de América, llamada así­ porque fue escenario de la puesta en escena por primera vez en América y segunda en el mundo, de la obra cumbre de Don Miguel de Cervantes Saavedra, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, a razón de la designación como Virrey de Don Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros, a iniciativa del Corregidor Pedro de Salamanca, queda en la Provincia de Paúcar del Sara Sara, Región Ayacucho.
Es una de las Provincias de relativa creación reciente. Tiene un clima bastante templado, como todo pueblo de la sierra, bajo sombra hace frí­o y bajo el sol se siente un ardiente calor. Sus campiñas son de un verdor extraordinario, que a lo lejos asemeja una alfombra de color verde esmeralda, jaspeado con tonos dorados que alo lejos brilla cual oro expuesto a los rayos del sol.Son los sembrí­os de alfalfa y maí­z lo que le da ese color verdoso y el trigo y la cebada que acompaña esa acuarela de un dorado perfecto; su cielo durante el dí­a y con sol, es de un lí­mpido puro, en el cual, apenas si se asoma una que otra nube de color albo y por las noches ¡ah!, para quien no ha tenido oportunidad de presenciar una noche serrana, es todo un espectáculo. El cielo se torna de un azul profundo y en ese fondo destacan brillosas estrellas de color amarillo, blanco, celeste; puedes ver algunas constelaciones y jugar a adivinar figuras caprichosas, en fin algo maravilloso.

 
Corrí­a el año 2002, cuando se estaba llevando a cabo los Comicios Electorales para elegir al nuevo Alcalde de la Provincia. Era de esperarse la cantidad de candidatos que se presentaban a dichas elecciones y toda la campaña que en forma efervescente se desplegaba por toda la provincia.
Es, en este contexto, que conozco a un personaje del cual, como aficionada a escribir, se me hizo fácilmente reconocerlo como el posible protagonista de uno de mis relatos. í‰l, era un señor de contextura bastante corpulenta, aunque su rostro no era regordete, de unos 1.71 cm de estatura. Adornaba esa faz, un gracioso bigotito a lo charro mexicano y un cabello de color negro medio ondeado de tamaño regular. Ni tan largo, ni tan corto, preciso, dirí­a yo, para esa peculiar personalidad que él se manejaba.

 
Al principio no tení­a mucho acceso a tratarlo, puesto que recién lo conocí­a, pero el hecho de ser la esposa de uno de sus Regidores, y por esos dí­as, Directora encargada de la Escuelita de Ccaraspampa, motivo por el cual tení­a que entrevistarme muchas veces con él y su plana de regidores (ya que en ese momento se estaba viendo la construcción con material noble de dicha escuelita, historia que contaré en otro momento) me permitió luego tratar con él y conocerlo un poco más. Se trataba del hijo de una profesora jubilada, paucina de nacimiento, quien siendo militante del Partido Aprista, habí­a sido elegido para ser el candidato representativo por este Partido y que hasta ese entonces habí­a estado en Lima durante el tiempo de mi permanencia en Pauza y por ello no sabí­a de quién se trataba.

 
Este personaje, al que después llamarí­amos los que pasamos a engrosar su lista de amigos, “Manayllaki”, llegó a ser el Alcalde de la Provincia. Habí­a ganado y se proponí­a dejar precedente en lo que era la conducción de un ayuntamiento. Y así­ fue. Con su humildad y don de gentes, hizo que el pueblo, la gente más humilde lo amara, ya que se daba el trabajo minucioso de escuchar a todas las personas que querí­an conversar con él y hacerle todo tipo de reclamos y pedidos, algo que otros Alcaldes no habí­an hecho. Tení­a un don de gentes y un carisma poco visto en autoridades públicas. Acostumbraba a decir frases o pensamientos célebres, utilizándolos como sentencia que corolaba (de corolario) alguna conversación o discusión.

 
Una de las primeras cosas que hizo “manayllaki”, fue promover entre las Instituciones Educativas, la puesta en escena de la obra magna de Cervantes, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote De La Mancha”. Previo pasacalle encabezado por él y alguno de sus Regidores y trabajadores, “Manayllaki”, convertido ahora en todo un Virrey de la época, desfilaba por las calles de Pauza y cual Virrey Amat y Juniet, pañuelito en mano, saludaba a toda la población que se apostaba en las veredas de sus casas y a otros que se asomaban desde sus balcones, que aunque no eran coloniales, eran suficientes con imaginación incluida, para evocar aquellos tiempos en que el Virrey era la máxima autoridad en el Perú. Así­, veí­amos desfilar al Quijote, ataviado con su armadura medieval, montado sobre Rocinante, el caballo noble y blanco del Manchego; a Sancho Panza, jalando su burrito; a Dulcinea, ataviada de vestido blanco impecable y a algunos personajes de la obra acompañando dicha comparsa. Ese desfile terminaba con la puesta en escena de uno de los capí­tulos de la obra, el cual se daba en la Plaza de Armas de la Ciudad, frente a la Iglesia Matrí­z de Pauza, desde donde la población sentada en las gradas que subí­an hacia la Iglesia, se deleitaba viendo a sus autoridades actuar con tal realismo que endulzaba la vista y el buen gusto. Terminada la participación del grupo de Teatro conformado por el personal de la Municipalidad, se daba paso a la participación de las Instituciones Educativas de la Provincia, los cuales concursaban para ganar la esperada presea.

 
Cuentan que “Manayllaki”, determinó con Resolución de Alcaldí­a, juntamente con su staff de Regidores, nombrar así­ a la hermosa Villa de Pauza, porque de esta manera construirí­a lazos irrompibles con la Madre Patria, y ello implicaba obtener ayuda en algunas cosillas que se requerí­an para mejorar el ornato y buen servicio del pueblo, aunque a decir de sus detractores, un pueblo indí­gena que tiene la dignidad de serlo y se valora, no deberí­a emular nada que tenga que ver con el paí­s que nos subyugó y nos vejó por muchos siglos, pisoteando nuestra dignidad y despojándonos de todo lo nuestro_José Marí­a Arguedas_decí­an, no lo hubiera permitido ni aprobado. Pero él no se amilanó.

 
El Virrey, habí­a recorrido las polvorientas calles de Pauza en reiteradas veces y cual Amat y Juniet, deseando un reino hermoso por donde pasear, empezó su labor como Alcalde, hermoseando la Plaza de Armas de la ciudad. Asfaltó sus alrededores y la calle principal que es Calle Comercio lo convirtió en un boulevard, por donde su Majestad, desde la salida de su palacio hasta el ayuntamiento, podí­a transitar sin empolvar sus zapatitos.

 
Lo dejó hermoso, con tachos verdes modernos para echar la basura, iba a colocar banquetas, pero los vecinos no quisieron. Ahora ya no están los tachos y no es más boulevard sino una calle normal por donde pueden transitar vehí­culos.

 
Lo bueno es que este precedente sirvió para que los Alcaldes que le sucedieron, siguieran asfaltando las calles del centro y es así­, que ahora ya existen más calles asfaltadas.

 
Lo cierto es que aparte de las obras que dejó “Manayllaki”, lo que dejó marcado en la memoria de la población fue el carisma derrochado durante el tiempo que fue nuestro Alcalde, su humildad, su buen corazón que lo hací­a asemejar a un niño grande. No habí­a poblador humilde que no se beneficiara con su ayuda. Este personaje, nos dejó la imagen del Virrey de Pauza, el cual desfilaba año tras año, precediendo la puesta en escena de la obra de Cervantes y es así­ que todos lo recordamos y haciendo gala de su apelativo de “Manayllaki”, él sigue sonriendo ante la adversidad y cuando todo parece acabar, ensombrecer, no tener salida, él sonrí­e y te hace sonreí­r, convirtiéndote en otro “Manayllaki”.

 
¡Ah!, para los que desconocen qué significa este vocablo quechua, Manayllaki, significa: “El que no tiene pena, tristezas”.
A su majestad, el Virrey de Pauza, Italo Villaverde Huaita.

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