Por :Sabino Arroyo Aguilar.-
casire3Qasiri es una comunidad campesina identificada como el pueblo de mujeres, por la emigración temprana de los maridos en busca de trabajo desde las primeras décadas del siglo xx; aunque, según la versión oral serí­a resultado de la tradición histórica subyacente de los ayllus andinos de origen precolombino.

 
El pueblo de Qasiri perduró como un ayllu durante la colonia y parte de la república y recién en 1964 logra su reconocimiento como una comunidad indí­gena por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Indí­genas, mediante la Resolución Suprema NÁº 511; aunque los trámites se iniciaron en 1941, la interposición de los terceros y las trabas administrativas dilataron las gestiones. Hoy es uno de los anexos cercanos del distrito de Pausa, capital de la provincia de Páucar del Sara-Sara de Ayacucho. En la década de los 80 se recogió la curiosa versión de Á«QasiriWarmiLlaqta» (Pueblo de mujeres sin marido) como un pueblo remoto que existirí­a en alguna parte de la región sureña de Ayacucho, a manera del mito clásico de las Á«Amazonas».

 
Los recuerdos y lo que escucharon en la región norte de Ayacucho.- En uno de los viajes de retorno a Ayacucho, por los años 85 del milenio pasado, logramos reencontrarnos con Cipriano Luján, entrañable colega, amigo y compañero de estudios de antropologí­a en la UNSCH; quien habí­a trajinado en los pueblos sureños de Puquio y recogido la curiosa versión de la posible existencia de un Á«Pueblo de mujeres», emplazado en alguna parte de la provincia de Parinacochas o de Páucar del Sara-Sara, frontera con Arequipa. Según resumimos, Qasiri serí­a una comunidad poblada de mujeres sin marido, quienes habrí­an renunciado a casarse o cohabitar con los hombres, debido a la presencia de una gran Á«wanka», celoso guardián que no consentí­a o eliminaba a todo hombre que conseguí­a casarse o emparejarse con sus mujeres. Sin embargo, para preservar al pueblo de mujeres consentí­a solo a los trabajadores eventuales, comerciantes ocasionales o músicos temporales, quienes eran permitidos emparejarse ritualmente en los ciclos festivos del año y los nacidos eran seleccionados: los niños eran eliminados y las niñas valoradas para reforzar y perennizar al pueblo de mujeres. No obstante, otras versiones asignan a Qasiri como las mujeres escogidas del Apu Sara-Sara, divinidad considerada como el Apu femenino de mayor rango de la región sureña de Ayacucho y legitimada en la tradición de los puquianos como la esposa del ApuQarwarasu de Puquio. Mientras en Pausa identifican como divinidad muy hermosa siempre deseada por el ApuAukiwato de Oyolo y del ApuQoropuna de Arequipa. Similares casos encontramos en otras regiones, dentro del concepto y organización de las relaciones de parentesco, alianza y poder en la estructuración de las fronteras étnicas y la distribución del espacio valorizado del mundo andino (Arroyo, 2008). La señora Flora Nina Sevincha, negociante, natural de Cusco y ahora residente en Coracora testimonia lo que escuchó de Qasiri como un Á«pueblo poblado de pura mujeres desde la antigí¼edad», porque, todo hombre que accedí­a morí­a al tercer dí­a de su llegada por la wanka antropófaga de forma de un gallo y cuando dinamitaron hallaron los restos de sangre en el corazón de dicha piedra. Mientras otros afirman haber escuchado que en Qasiri viven Á«pura mujeres» y ningún hombre podí­a ingresar, desde tiempos muy antiguos. De modo que la tradición registra como un pueblo poblado de mujeres desde la antigí¼edad.

 
Lo que saben en Pauza y los del alrededor.-
El pueblo de Qasiri es conocido como el Á«pueblo de mujeres desde tiempos muy antiguos»; aunque actualmente ya serí­a un pueblo normal poblado de hombres y mujeres, quienes fueron afectados por el terremoto del 2001. Este fenómeno habrí­a acentuado la dispersión de la población a manera de éxodo, de modo que para la temporada del inicio de nuestra investigación quedan unas 20 familias, entre niños, ancianos y pocos mayores. La emigración fue un hábito para los padres de familia aún antes de los 50 a las plantaciones de Caravelí­, a la pesca de camarones del rí­o Ocoña y al puerto de Chala de Arequipa, principalmente, para complementar a la economí­a deprimente de la familia, por la LAS AMAZONAS DEL APU SARA-SARA: “QASIRI WARMI LLAQTA” (PUEBLO DE MUJERES SIN MARIDO) La joven señora Jannett Humani de Pauza nos precisa que la historia de Qasiri es la de ser la tierra de mujeres, debido a que sus hombres o todos quienes llegan a esa tierra, por costumbre se minimizan y las mujeres siempre están adelante en cada reunión, faenas o sobresalen en las actividades de la comunidad.

 
casire1Las fiestas de la santa patrona VIRGEN DE LAS NIEVES.
Las mujeres de Qasiri y sugiere como arquetipo para el pueblo de Pausa y del mundo, para superar la sumisión de las mujeres o la dependencia de sus maridos. Incluso, don Juan Ventura reconoce como hombre y lugareño de Qasiri sobre los casos de competencia con las mujeres siguieron hasta los últimos tiempos y recuerda que al lampear las mujeres paraban en la misma tarea y sostení­an con habilidad y presteza hasta acabarlos rápido un Á«topo» de siembra de maí­z, antes que los varones. Además, precisa que hay una piedra Á«OqoniRumi» con Á«encanto» y desde la antigí¼edad todas las casas de Qasiri estaban edificadas de piedra con argamasa de barro y el Á«encanto» las atraí­a; por lo que los mayores afirman que la piedra tení­a Á«misterio» o que las piedras eran machos y preñaban a las mujeres; muy a pesar de que en dos ocasiones el obispo de Ayacucho habrí­a acudido a exorcizar o bendecir dicha piedra con encanto (OqoniRumi). Aunque, los mayores afirman que en la primera ocasión, el obispo casi pierde la vida por la fuerza del encanto de la piedra. No obstante, estas tradiciones habrí­an cambiado con fuerza desde que el pueblo se derrumbó con el terremoto del 2001 y el nuevo pueblo fue trasladado a la parte alta y ahora quedan solo unas 15 a 20 familias, mayormente mujeres, en las edificaciones de adobes y techos de calamina, por donde pasa la carretera a Cahuacho de Caravelí­. Los demás migraron a Lima y otros se trasladaron a Pausa para trabajar y educar a sus hijos, como la joven Daysi Montoya que vende el desayuno de Á«quinua y kiwicha» en el quiosco de la esquina del único parque central de la capital, declarada como la Á«Capital Cervantina de América». Por lo que, el pueblo de Qasiri permanecí­a casi siempre desguarnecido del sexo masculino, configurando un pueblo de mujeres a merced de la exogamia, de la infidelidad o al peligro del acecho de los foráneos aventureros en busca de sexo o de los atrevidos al Á«burlarse» (mancillar) con alevosí­a y ventaja, dados por la fuerza fí­sica o por el poder influyente de familia o de economí­a. Y por cierto, hay muchas mujeres como madres solteras, tanto antes como actualmente: algunas quedaron desairadas como las mujeres sin marido encargadas de la crianza de sus hijos, otras fueron abandonadas y algunas son madres de los hombres casados o que no lograron casarse por razones raciales o prejuicio social. El ingeniero Jesús Zuzunaga afirma, según la referencia de los mayores, que durante las décadas del 20 y 30 la mayorí­a de los hombres de Qasiri, así­ como los de Cahuacho y Rauripa migraban a las minas de Calpa de la provincia de Caravelí­, de donde retornaban con algo de dinero, pero enfermos de TBC y fallecí­an al poco tiempo. Así­ las qasirinas quedaban viudas y el poblado fue llamado como el pueblo de mujeres. Además, según su cálculo, para las décadas anteriores habrí­a unas 150 familias y los años 50 decrece a unas 80 familias en condiciones muy desestructuradas, como un pueblo de mujeres sin marido y los pocos hombres que quedaron se convirtieron en los semilleros de la comunidad. Sin embargo, la exogamia produjo dos cuestiones notorias: primero, ocasionó cierto blanqueamiento o un proceso de mestizaje, especialmente en las mujeres buenas mozas, atractivas y acogedoras de lo foráneo; aunque con el consecuente y serio detrimento de sus propios hombres y posible deterioro irreversible del cambio de sus costumbres. Y segundo, como efecto del primero se produce la presencia de los maridos foráneos que vienen fortaleciendo la institucionalidad de la comunidad en el nuevo pueblo, con la continuidad de la fiesta patronal frente al éxodo general de la población, por los factores internos y atraí­dos por los polos de desarrollo regional. Seguramente por estos cambios, mostrarnos la consecuente configuración social, cultural y psicosomática de la población, al señalar que las cosas que suceden en dicho pueblo son tan iguales como en cualquier otro pueblo mestizo de la región. Sin embargo, reconoce la distinción de Qasiri como el pueblo de mujeres por los casos del pasado o de su historia, algo como alejado en el tiempo; y a manera de hacer memoria señala que Qasiri es un Á«pueblito pequeño y pintoresco que se distingue por evocar a la Virgen de las Nieves» y, por cierto, casi todo el pueblo de Pausa y de otros pueblos se trasladan a dicha fiesta, también observamos que el pueblo de Pausa queda desierta en los dí­as de fiesta y Qasiri se enseñorea como anfitriona para sus vecinos y de sus hijos migrantes: mujeres jóvenes retornan con sus parejas y hacen promesa a la Virgen de Las Nieves, para retornar a LAS AMAZONAS DEL APU SARA-SARA: “QASIRI WARMI LLAQTA” reconocemos a Qasiri como el pueblo de mujeres, porque la mayorí­a de sus habitantes son mujeres, y por la misma necesidad o por la ausencia de varones, las mujeres han asumido las funciones del varón en los quehaceres del pueblo rural; aunque a su parecer, cuando hablan de Qasiri no hacen ninguna diferencia y solo por razones de historia se distingue como un pueblo notable de mujeres.

 
Resguardo étnico por las divinidades locales y regionales Esta comunidad campesina de origen étnico precolombino, colonial y republicano es singular por estar cargada de muchas y ricas tradiciones antiguas y modernas, que nos permite entender la representación de un conjunto de divinidades que cumplen la función de protectores de las mujeres o de un pueblo arrumado en una tierra pobre, secano y hasta hostil, como una expresión del despojo histórico de sus tierras, del patrón cultural y también por el influjo de las actitudes patriarcales, donde la mujer debe ser protegida por los diversos peligros, inclemencias o de las diversas inseguridades que la rodea nuestro mundo moderno hostil como puede mostrarse en la mentalidad expresiva asentada en la figura y representación de las divinidades y espí­ritusÁ Garantí­a de Á«OqoniRumi» (Piedra sagrada) y el control social.- Los lugareños de Qasiri, como acto latente y repetitivo, aún recuerdan y representan los restos del Á«OqoniRumi», como un celoso guardián de las mujeres del pueblo y fuera dinamitado ex profesamente en momentos de construir la carretera que pasa al pueblo de Toncio y a Cahuacho de Caravelí­ o que fuera el antiguo camino grande para acceder a la cima de Á«Wayaq Pata» (cumbre que llora) y desde donde despedir a sus maridos o desprenderse de sus hijos migrantes en busca de trabajo. Los restos de Á«OqoniRumi» está en la parte derecha de la carretera y aún se ve in situ la base cuarteada de una piedra maciza de Á«chiqorumi» o Á«alaymoscarumi» (piedra granito) cuyas partes están amontonadas al costado de la misma base y originalmente tendrí­a más de dos metros de alto de forma encorvada y en la parte baja habrí­a un recipiente a manera de una tina de piedra, donde se depositaba el agua de lluvia de invierno y del cual bebí­an los animales, los niños escoleros y jugaban los pastores que transitaban al echadero como también la población que se dirigí­a al trabajo de sus parcelas. Además, Á«OqoniRumi» es reconocido como la piedra sagrada de los antiguos o de los Á«gentiles» y está ubicada precisamente debajo del sitio arqueológico de Á«Aya-Pata Orqo» (Cima de los muertos). Don Juan , más conocido como el Á«gañan» o Á«cura» por ser el mejor oferente a los Apus de su comunidad, nos señala que Qasiri es un pueblo de piedras, sin agua y antes consumí­an del manantial de la quebrada de Á«AllqoWayqo» (Quebrada de perro) y las mujeres transportaban en los cántaros de barro5 colocadas en sus cabezas y los niños en los baldes de lata para el consumo y el preparado de la chicha, hasta que acercaron con el canal de riego de la parte baja.

 
Protección de los ancestros de Á«Aya-Orqo Pata».- La estructura central del sitio arqueológico se ubica en la margen izquierda de la Á«repartición» o la Á«cima de despedida» (Á«Waqana Pata»), conocido como el antiguo pueblo de los Á«gentiles» o Á«abuelos». Muchos sectores están cubiertos de terrenos de cultivo y a la parte superior se asciende por un juego de escalinatas entre cortadas por los pasajes, calles y muros de piedra irregular; y aún aparecen las ménsulas en las cabeceras de los muros de algunos sectores, como indicando el patrón arquitectónico de Wari Tardí­o.

 
Juan Ventura Contreras tiene 76 años, fue huérfano de madre desde niño y creció con su madrastra, sufrió mucho, recorrió muchos lugares en busca de trabajo, incluso fue peón de los arrieros de ganado para Chala. Y desde niño observó la despedida de los emigrantes a Lima, desde la lomada de Repartición, al compás del arpa (con el ciego don Aquiles) y del qarawi (canticos guturales de tristeza), hasta que los viajeros desaparezcan por Á«Allqo Pampa Pata» (La Cima del Perro). Juan es conocido hoy como uno de los lugareños más experimentados y de sabidurí­a, porque desde muy joven viajó por diferentes lugares con la venta de fuerza de su trabajo en los diferentes quehaceres; y por la misma razón aprendió distintas actividades y entre ellos es de ser el especialista oferente para el pago a los Apus y a la Pachamama en los ciclos rituales agropecuarios (Fiesta del Agua y en el Á«Vaca Ferroy» del 24 de junio en las Á«Moyas» del ApuSullkay-Marka), como nos mostró en Á«AyaOrqo Pata» al ejecutar el Pagapu simbólico a los Apus y a los Á«awelos» de las ruinas. Desde luego, denotando con seriedad lo que hací­a en modo alguno constituí­a una broma a los dioses y así­ quedó sentado en el grupo (don ángel Mesa y Antonio, fuimos cuatro) que participamos visitar a Á«OqoniRumi» y el sitio arqueológico del mismo lugar, el 6 de agosto de 2011. 5 Al centro de la plaza de Qasiri está un monumento en alusión a la mujer qasirina, con su atuendo tí­pico portando su cántaro de agua en la cabeza, SABINO ARROYO AGUILAR investigaciones sociales 332014 38 Para los lugareños es Á«ñaupallaqta» o pueblo antiguo y es la morada de los ancestros o de los abuelos y por tradición se les debe respeto, procuran no perturbarlas huaqueando y si alguien se enferma, con el rito de propiciación o el pagapu resarcen sus faltas y logran efectivizar la solicitud de algún deseo, como es cazar sus vizcachas o lograr alguna fortuna. Desde esa perspectiva, las ruinas no solo fueron las viviendas de los antiguos, sino propiamente viven los abuelos e igualmente las ruinas son espacios vivos que afectan a los extraños o a los intrusos sin fe en la tradición andina. Al respecto, Juan recuerda y asocia con el caso de la señora Vicenta, quien habrí­a retornado Á«muda y paralí­tica» de Lima y su familia con tanta fe la llevó al templo de San Agustí­n, que para entonces estaba en la estructura superior de las ruinas, donde habrí­a hecho su aparición Paqareq, considerado como el primer santo patrón del pueblo desde los tiempos coloniales. Asimismo, asegura que la enferma logró sanar como una obra divina y ahora que no queda nada de la capilla, solo asignan un hoyo como testigo donde se hundió una hermosa campana de oro y ahora logran oí­r el triste tañer en algunas noches del plenilunio. Igualmente, refiere que las mejores piedras de laja de este sitio arqueológico fueron trasladadas para las bases del templo y local comunal como también para muchas casas de los pobladores; incluso, algunas familias habrí­an trasladado en sus burros de carga para facilitar más volumen. Y entre las ruinas se distinguen muchas plantas llamada el Á«platanillo», parecido a la variedad del Á«paty» que se asocia al piso ecológico de las ruinas de Á«Wari».

 
Los Apus protectores: Á«Sullkay-Marka» y Á«Pillullu-Orqo».- En la cima del cerro Pillullu-Orqo se observa un conjunto de construcciones alineadas y de esas chullpas, los profesores y alumnos de Qasiri habrí­an disturbado las tumbas de los Á«abuelos» y sus pertenencias (vasijas, textiles y otros objetos de adorno), con el pretexto de organizar el museo del colegio. Por lo que Juan Ventura afirma que los Á«awelossilvan» o asustan a los transeúntes que recorren de manera circunstancial en busca de sus ganados, como sucedió con él y logró huir muy asustado para no ser dañado por los gentiles. Del mismo modo, señalan los miembros de la comisión que recorrieron los distritos de la antigua provincia de Parinacochas, para elaborar la monografí­a de la provincia (1950, pp. 58), donde dan cuenta que en Á«el trayecto del camino a Casire, encontramos chulpas incaicas en número crecido, algunas de las cuales fueron observadas por los excursionistas escolares y encontraron momias las que estaban con sus indumentarias y utensilios domésticos (mates, tinajas, puyños, ollas, etc.) cuyos fragmentos fueron recogidos para el Museo Escolar». Á«Pillullu-Orqo» es la montaña sagrada del Apu que lleva el mismo nombre de Pillullu, quien es considerado protector del pueblo de Qasiri, y al pie de este cerro se ubica el estadio de fútbol del centro escolar y de la comunidad. Y en los tiempos de la fiesta del ganado los evocan con sus pagos, aunque el principal Apu ganadero es Sullkay-Marka, ubicado en la parte alta y al costado del lado derecho del Apu Sara-Sara (maí­z-maí­z), que se observa al fondo de la foto, a quienes los recuerdan con sus pagos en los tiempos de la fiesta.

 
Simbologí­a femenina del Apu Sara-Sara.

Los mayores afirman que Á«Qasiri es el pueblo elegido por el Apu Sara-Sara», aunque dicho sector está poblado de piedra sobre piedra por la erupción volcánica de la misma montaña; por lo que toda la falderí­a de la comunidad está llena de piedras de distintos tama- ños; de ahí­ para ser reconocidos como el Á«pueblo de piedra» o el Á«pueblo sufrido», insinuando que son las mujeres escogidas a manera de Á«akllaywasi». Del mismo modo, se afirma que en la cima del nevado Á«aparecen mujeres vestidas de negro que juegan con la nieve» y al parecer estarí­a simbolizando a las viudas de Qasiri. Y es de consenso regional de los pueblo de Parinachochas, que el Apu Sara-Sara es mujer, muy deseada y disputada por los ApusQarwarasu de Puquio, Aukiwato de Colta y por el ApuQoropuna de Arequipa. MarianeeEyde (1980)7 registra el mito del Apu Sara-Sara como el volcán de sexo femenino y recrea el relato como que Sara-Sara entra en conflicto con 6 En la Monografí­a de la Provincia de Parinacochas, Lima 1950. En los años de 1979 realizó el único documental que testimonia la historia mí­tica, la fiesta santoral, recrea el mito de origen de la Virgen de las Nieves asociadas a las antiguas mujeres mí­ticas y a los dioses andinos de origen precolombino y asimismo, muestra la condición de ser un pueblo de mujeres. En este documental aparece el antropólogo Rodrigo Montoya, comentando el problema de la tierra y del sistema de trabajo en las comunidades campesinas. LAS AMAZONAS DEL APU SARA-SARA: “QASIRI WARMI LLAQTA” (PUEBLO DE MUJERES SIN MARIDO) investigaciones sociales 332014 39 otro Apu y este le parte en fragmentos, desde entonces quedó solo al cuidado de los pueblos de su región. Y cuando el pueblo de Soras (antigua población étnica de la región) se corrompió al transgredir el tabú del incesto fueron castigados ejemplarmente: los hombres fueron arrojados y el pueblo quedó poblado solo de mujeres y los niños que nací­an morí­an a los 3 años. Desde entonces, los forasteros los habrí­an llamado como el Á«pueblo de mujeres». En la Monografí­a (1951: 625-626) encontramos registros que desde la alturas de Sara-Sara se divisan los nevados vecinos de Solimana, Qoropuna y Chachani. Y al centro del nevado Sara-Sara se avistarí­a la cabeza de una llama, una mujer cargando a su bebé, también encontraron un cerco de piedra y los mayores narran que en los tiempos antiguos Sara-Sara habí­a regalado tanta riqueza a Qoropuna hasta quedarse Á«muy pobre, tanto en su nevado y en sus aguas». Asimismo, en su nevado Á«aparecen mujeres vestidas de negro que juegan con la nieve» o en su base aparecen dos mujeres engalanadas con muchas alhajas, quienes en la visión andina constituyen las formas de aparecer, manifestarse o de identificarse como el afamado espí­ritu de la montaña sagrada de la región.

 
El mito de origen y el culto a la Virgen de las Nieves.
según relato el mito de origen de las Á«Hermanas Ví­rgenes»: Las cuatro hermanas hacen su aparición en la quebrada de PichiwQoywata de la quebrada del rí­o Ocoña y desde donde se reparten a distintos lugares: Una de ellas se dirige a Coracora y es la distinguida patrona Virgen de las Nieves, la Virgen de Copacabana se va a Cahuacho, mientras la mamacha Chumbe SABINO ARROYO AGUILAR investigaciones sociales quedó en el barrio de Ayraranca de Pausa y de igual forma la mamacha Virgen de las Nieves en el pueblo de Qasiri. Desde entonces, son santas patronas de arraigo para los pueblos y la región. Aunque Eyde (1980) registra que desde la época de los inkas las mujeres de Qasiri esperaban la llegada de cuatro mujeres para acabar con la maldición de sus penurias y tristezas y, luego de la conquista, los españoles trataron de las Á«Cuatro Ví­rgenes». Es decir, la Á«Virgen de las Nieves» habrí­a llegado con sus tres hermanas, primero apareciendo en Pichus pasa a Sara-Sara y luego, desde Qoywata, se distribuyen: una es la Virgen de Chumbe, las otras son de Coracora, Cahuacho y de Qasiri, pueblo de las piedras. De otro modo, cuentan que la Virgen de las Nieves de Qasiri hace su aparición (Paqareq) entre las piedras del pueblo y decide vivir de madre soltera como las mujeres buena mozas de Qasiri, para danzar y cantar las Á«Waylillas» en quechua y sean las mujeres trabajadoras y lideresas. Y también para mayor garantí­a haya dejado a Á«OqoniRumi» como el celoso guardián de las mujeres del pueblo, igualmente instruyendo a las mujeres cuando sus maridos las maltraten solo darí­an tres vueltas a la piedra y morirí­an hinchados botando sangre. Finalmente, señala que el pueblo de Qasiri sobrevivió a la maldición y ahora continúa, porque la virgen con sus lágrimas habrí­a hecho el rito de purificación o de limpieza.

 
Otra Versión: El mito de Casire narra que el volcán “mujer” Sara Sara convirtió a Casire en un pueblo de mujeres cuando comprobó que los hombres eran los culpables de las corrupciones que hubo en este pueblo, por la presencia de bellas y ardientes mujeres.

 
Llegaron los cristianos y decidieron acabar con la maldición del volcán. La Virgen de las Nieves aparecida en Pichor, quiso quedarse entre las piedras de Casire para enseñar a cantar a las casirinas. Asi, creó las Huaylí­as. De lejos, vinieron los hombres atraí­dos por los cantos.

 

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