El nombre de nuestro pueblo Pausa, despierta en mí el más natural y noble de los sentimientos humanos. Ninguno es el más sincero y grande que el amor por nuestro terruño. Nuestro pueblo natal nos habla de nuestros recuerdos más íntimos, nos estremece el alma con nuestras emociones más profundas. Todo lo que es de nuestro pueblo, es también lo nuestro, nos pertenece en alguna medida. Y nos parece también que, de algún modo, nosotros le pertenecemos a él, como la luz del sol pertenece al día, y como la oscuridad le pertenece a la noche… Pues, el amor a nuestra tierra pausina, es el sentimiento más puro, cristalino y espontáneo que tenemos nosotros. Allí están los afectos con los que nos inundaron nuestros padres y abuelos, generosas almas de aquellos seres queridos, y que dulcemente brilla en nosotros como una inefable luz de divinidad. Allí viven o vivieron nuestros queridos padres, austeros y afectuosos, que dan o dieron sus propias vidas por cuidar de nuestro bienestar y que, valientemente, se lanzan o lanzaron a la ventura por cerros y montañas, por profundas quebradas o por inmensas punas, en la búsqueda de nuestro sustento para asegurarnos el porvenir. ¡Oh, nuestros amados padres, heroicos y abnegados, muchas veces carentes de recursos, nos criaron y educaron con bondadosa sencillez, a manos llenas, elevando sus oraciones a la sublime santidad de nuestro Apóstol San Santiago!…

 

Por eso, amo a nuestro pueblo Pausa. Pues, ese pueblo es la verdadera patria de mi corazón. En ese amado terruño sentí las primeras caricias maternales y los primeros consejos paternales. Allí, alimenté más la consanguinidad con mi familia y ahondé más la amistad con mis queridos paisanos. En ese lugar modelé mi infantil espíritu en la escuela N° 624 y experimenté las primeras inquietudes del primer amor infantil y juvenil. Allí tejí mis juveniles ilusiones y mis primeros sueños; como también tropecé en las primeras dificultades e inesperadas realidades. En ese lugar cultivé mis primeras creencias religiosas y me identifiqué con nuestras tradicionales costumbres pueblerinas. Allí, anteriormente, todos los vecinos nos conocíamos por nuestros nombres, apellidos y sobrenombres, y conocíamos en detalle todas nuestras casas. En ese lugar, nos alegrábamos en todos los cumpleaños y bautizos y matrimonios; como también, nos apenábamos en los velorios y entierros y enfermedades… Así, vivíamos en Pausa, nuestra tierra natal. Era un amor a nuestro terruño, por instinto, con total ingenuidad y espontáneamente sincero. Era un amor vívido y viviente; era una compenetración del hombre con su medio ambiente poblado de retamales y tunales. Así es hasta ahora, a pesar de que nuestro pueblo ha crecido y ya casi no nos reconocemos todos los pausinos… Pues, ese amor no tiene símbolos ni colores. Ni escudos ni banderas. No tiene nombres ni apellidos. No, no necesita de eso… Pues, el amor a nuestra tierra es profunda y tiene sus raíces en el mismo corazón…

No se ama a un pueblo porque uno ha nacido en él. No… no… Se ama a un pueblo porque, en ese pueblo, uno ha formado su personalidad infantil y juvenil, con juegos y aventuras y trabajos. El tesoro de nuestros primeros recuerdos infantiles está en nuestro amado pueblo. Allí está nuestro cálido hogar, nuestra calle, nuestro barrio, nuestros amigos, nuestras mascotas, nuestros primeros amores… Por eso, ¡se ama a un pueblo!… Y ese amor se comprende mejor cuando uno se encuentra lejos, a la distancia. Y más, cuando nos encontramos viajando, en el extranjero, lejos muy lejos de nuestra tierra amada, ahí, en medio de nuestras nostálgicas meditaciones, el amor a nuestra tierra se agranda y crece cada día más y más… A medida que uno avanza en edad, los recuerdos de nuestro pueblo se idealizan positivamente, olvidando todo lo negativo y malo, acentuando más lo positivo y bueno. Por eso, en la vejez, queremos volver a nuestra tierra. Y, cuando estamos cerca de la muerte, pedimos que nuestros huesos se vayan a enterrar en nuestra tierra natal, como si así nosotros quisiéramos devolverle a nuestro pueblo toda la savia con que nos hemos alimentado en nuestra lejana niñez…

Un verdadero pausino es aquel que ama a sus paisanos, sin diferenciarlos por clase social, ni porque es de la ciudad ni porque vive en la chacra. Ese no debe considerarse un verdadero pausino. El verdadero pausino es aquel que educa a su gente, que lo ayuda, lo dignifica, lo honra y le da aliento en el trabajo; es aquel que lucha por el bienestar de su gente, sacrificándose en todos los campos de la vida. Un verdadero pausino es aquel que se enfrenta a costumbres negativas que dañan la moral de las personas y fomenta las buenas costumbres cultivando la armonía y el respeto a su historia ancestral. El ideal de todo buen pausino debe ser el de desterrar el egoísmo y la envidia de sus gentes, sembrando la solidaridad y la ayuda mutua entre sus paisanos, para que el mismo pueblo ascienda a las virtudes del amor y la justicia que lo hará progresar en el futuro. Esa posibilidad histórica merece convertirse en ideal común, pues son comunes casi todos los problemas y los peligros de corrupción social…

Ahora que ya estoy en los sesenta y tantos años, cierro los ojos y lo primero que veo o imagino es a nuestro volcán Sarasara, impoluto y majestuoso, relumbrando en la cabecera de nuestro pueblo. En mi remota infancia, cuando lo contemplaba, todo mi diminuto cuerpecito de niño se estremecía, como una hojita de maíz con el viento. El canto de los pájaros me enajenaba y sumergía en un océano de emociones nunca sentidas; el cantarín rumor de los riachuelos me enardecía y me hacía trajinar en meditaciones de hondo lirismo; el vaivén de los maizales y eucaliptos me dirigían amables invitaciones hacia el ensueño… Todo eso, mientras el sol, ese disco de oro y púrpura, aparecía derramando sus haces vivificadores sobre nuestro pueblo. Y en ese estado de cosas, después de haberme impresionado dulcemente, yo ensanchaba los pulmones aspirando el oxígeno del aire puro y empezaba a soñar con todo lo bello y lo más hermoso, dejando suelto en toda su amplia libertad a mi fantástica imaginación… El arco iris, la lluvia, los cóndores volando en un cielo azul y límpido, despertaba en mi corazón unas ansias locas de lo infinito. Y todo aquello, era una mezcla de asombro, miedo y goce estético. No podía cansarme de contemplar todo eso y de sentir sentimientos nunca antes sentidos por mi alma. Había algo de fascinación en todo eso. Mi corazón y mi espíritu daban vueltas con el viento y se extasiaban con el silbido de las perdices, allá, en las chacras… Recordando e imaginando todo esto, en verdad, no tengo de qué quejarme. Hay personas que se pasan la vida lamentándose de cosas sin importancia y de cuanto les rodea. Pues, el hombre es un ser que quisiera tener otra vida siempre o estar en alguna otra parte del mundo. Se lamenta siempre de lo que le ha tocado vivir y no se conforma y no se siente feliz. Eso no ocurre conmigo. Así como soy y estoy, soy muy feliz. Para mí, el éxito económico y la vanidad, no constituye la felicidad. Para mí, la felicidad es vivir la vida, sin lamentaciones de ninguna clase. Vivir la vida, tal como es. Y matizar esa existencia con el ensueño y los recuerdos de nuestro pasado. Allí, está la felicidad. Por eso, soy feliz escribiendo mis recuerdos. Soy feliz, publicando libros para los niños del pueblo peruano, con el único afán de incentivar la peruanidad y la identidad nacional… Yo no soy un escritor anheloso de vana fama ni de reconocimientos apoteósicos. Yo solamente soy un instrumento espontáneo y natural que está direccionado a hacer saber a las gentes de las cosas sencillas y puras que hay en nuestro pueblo, de esas cosas cotidianas y naturales que no queremos ver o no sabemos expresar con palabras, como es el sonido de la lluvia, el vuelo de una mariposa sobre las flores, la sonrisa de un arco iris en el cielo, el canto de una niña mientras lava la ropa en los arroyos, el ladrido de los perros mientras se realiza una serenata nocturna, aunque ahora ya no hay serenatas por culpa del inexorable adelanto y la indetenible modernidad… Yo sólo soy eso: una voz que emerge desde lo más profundo del corazón de nuestra tierra pausina, para irse a instalar en la mente y en la sangre de nuestros queridos paisanos, con la única finalidad de despertar más el amor por lo nuestro y por nuestras bellas y tradicionales costumbres… Gracias por compartir estos sentimientos…

About The Author

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.