rubenCincuenta años después se encuentran en Pauza frente al altar Irma y Rubén. Después de un largo viaje por la vida y el mundo, ahora están frente a frente mirándose fijamente a los ojos, aquellos ojos que tantas veces se miraron. El profesor Rubén Pimentel Sevilla en un segundo recordó aquella remota tarde de abril cuando conoció por primera vez a la bella doncella paucina, Irma Dorrego Huayta, quedándose prendado de su dulce sonrisa, de su tierna mirada de niña buena; y en un instante comprendió que el amor había llegado a su vida. Aquella profesorita que lo miraba tímidamente lo había cautivado, y se sintió inmensamente feliz cuando fue correspondido, jurándose amor eterno al pie de aquel mollecito verde.

La juvenil pareja disfrutó su amor por las floridas campiñas de Sacraca pasando inolvidables horas juntos, escuchando el canto de la paloma torcaza, haciéndose mil promesas de amor, soñando toda una vida juntos; sin presagiar que se avecinaban días de tormenta en su joven vida.

Cuenta la historia que este amor estuvo a punto de terminar por la negativa de don Jorge Espinoza Salazar, quien además era el Gobernador de Pauza y se oponía firmemente que su hija fuera cortejada por un profesor forastero. Sin embargo, todo esto no impidió que siguieran amándose en secreto, que en las noches de luna le llevara serenatas al pie del balcón, que se escribieran sentidos poemas y canciones de amor.

Don Jorge Espinoza redobló la vigilancia para evitar que el atrevido forastero se acercara a su querida hija. Fue entonces cuando Rubén una noche de diciembre decidió robar a su amada Irma que a pesar de sus tiernos 19 años de edad, tuvo el coraje suficiente para seguir el llamado de su corazón; huyendo ambos a galope de caballo por las alturas de Lampa, camino a Cora Cora su tierra natal. El Gobernador de Pauza y sus centinelas nada pudieron hacer para evitar la fuga de los valientes jóvenes que desafiaron su autoridad por amor. Era 1964.

Cuentan los memoriosos que tan bello romance jamás existió por esta región. La leyenda de amor de Irma y Rubén se extendió por todos los valles interandinos de Ayacucho; músicos y poetas lugareños compusieron canciones y poemas en honor a los eternos enamorados.

La docencia los unió y la vida les enseñó a construir los cimientos para un amor duradero. Tras un sencillo matrimonio en Cora Cora, empezaron una vida juntos lleno de esperanza y amor; siempre con el apoyo de la Mama Elena.

Enseñaron en Sacraca, Marcabamba y Pauza, ganándose el aprecio de la comunidad por ser excelentes profesores. La otra pasión de Rubén era el fútbol, a tal punto que en Pauza fundó el Club Real Madrid de Masters. También trabajó como concejal en la Municipalidad de Pauza; y así vivieron una tierna historia de amor bajo el cielo azul de Pauza. Las primaveras fueron pasando y el huerto florido de su hogar fue embelleciendo con la llegada de Patty, Maribell, Ronald, Elena, Alan y Rubén; a quienes con todo el amor de padres trasmitieron sabias enseñanzas que quedaron grabados en el corazón de sus hijos.

Las aguas de la vida hace 18 años los llevó a vivir a Los Ángeles, California, donde actualmente radican en paz y armonía familiar rodeados de sus hijos y nietos, pero siempre con la añoranza de volver a la santa tierra.

Ahora, cincuenta años después, todo esto les parece un sueño, estar bajo el mágico cielo azul de Pauza iluminados por el resplandor del eterno Sara Sara. A lo lejos un colorido arco iris anuncia que el dulce y agradable sueño aún continua. Irma y Rubén voltean la mirada y solo ven rostros sonrientes iluminados por la alegría de verlos toda una vida juntos.

Allí están sus amados hijos: Patty, Ronald, Alan, Rubén y los adorados nietos. Más atrás Rubén divisó con asombro el rostro sonriente de sus padres: Raymundo Pimentel y Patrocinia Sevilla; Irma también vio a los suyos Jorge Espinoza y Elena Huayta, de pronto el párroco empezó a bendecir la reafirmación de su unión matrimonial, como hace cincuenta años, cuando iniciaron esta larga y bella historia de amor…

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