A la familia Paucina y público en general

Este 09 de noviembre es la presentación del Libro “Este Charango que toco” el Autor es nuestro laureado escritor paucino Sócrates Zuzunaga Huaita, vida y obra del señor del Charango a Jaime Guardia, de la Villa de Pauza, en quien la música del Perú está encarnada cual fuego y llanto sin límites.

Auspicia: Secretaria de Cultura. CMP.Lugar: ICPNA Instituto Cultural Peruano Norteamericano.
Sede Miraflores. Ingreso Libre.
Los esperamos.

JAIME GUARDIA NEYRA
Quien escribió en el pentagrama nacional, huaynos y yaravíes, vivirá por siempre en las entrañas de su pueblo y su gente, porque forma parte de nuestro patrimonio histórico andino.

Por Julio Quispe*

Rendirle un homenaje al más grande maestro del charango, investigador y difusor de la música peruana don Jaime Guardia Neyra, quien a los 85 años acaba de partir hacia la eternidad, siempre será poco por toda la contribución al fortalecimiento del sentimiento andino a través de la música, en la construcción de nuestra identidad nacional. Arrullado por los vientos y la música de la naturaleza, Jaime Guardia Neyra nació un 10 de febrero de 1933, en el distrito de Pauza, uno de los diez distritos que conforman la actual Provincia de Páucar del SaraSara, ubicada en el departamento de Ayacucho.

Los primeros acordes musicales los descubrió en la naturaleza, como el rumor de los rios Mirmarca y Marán que circundan Pauza, del habla quechua de “Pauqar” que quiere decir jardín florido y Sara Sara que significa “Maizal”, vocablos que expresan majestad y belleza natural de la tierra que lo vio nacer. Jugando con el viento y corriendo por sus campiñas, aprendió a imitar el trinar de las aves, la onomatopeya del pichitanka, el cuculí, el balido de las ovejas y el mugido de los becerros. Durante las fiestas populares aprendió a incubar en su frágil entraña los significados de los cantos anónimos de las gentes.

A los 13 años, con sólo observar a los demás, ya ejecutaba a la perfección la quena, el charango, la guitarra y la bandurria. “Mis padres no querían que yo fuera músico porque existía el prejuicio de que el artista es bohemio. Escondía el instrumento en los montes y cada vez que me iba me dedicaba a tocar. La quena no me llamó mucho la atención, no así el charango que me gustaba mucho, lo mismo que la guitarra”, dijo el artista paucino en un libro que editó sobre su vida el Instituto Nacional de Cultura en 1988.

Junto con las tempranas oleadas migratorias y con grandes sueños e ilusiones, este muchacho inquieto llegó a Lima. Eran finales de 1940, época donde la capital se mostraba desafiante y atractiva por el auge que cobraba y la demanda de mano de obra para la reconstrucción tras el terremoto del 24 de mayo.

Con 16 años, sin conocer a nadie en una ciudad tumultuosa, agitada y ruidosa, el joven músico, empuñando su inseparable charango, buscó un resquicio en los pocos festivales de música de ese entonces, cada vez que podía literalmente hacia “hablar a su charango”, uno de estos escenarios era la Pampa de Amancaes.

En 1952, el talentoso joven con apenas 19 años de edad se incorporó al conjunto la Lira Pausina. “Sus dedos mágicos acunaba en su pecho el pequeño instrumento, que años más tarde lo haría famoso. De sus cuerdas brotaba el inevitable llanto lastimero del paucino errante, la nostalgia de los desterrados y la soledad de los jóvenes enamorados, no correspondidos” decía Fernando Jesús Pebe en 2009.

 

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