Por: Rolly Valdivia.

 
Del MAR a la NIEVE. Olas y arqueologí­a, senderos prehispánicos y ví­as de asfalto, cerros pelados y volcanes escarchados, describen la extraordinaria belleza de este nuevo tramo entre Caravelí­ (Arequipa) y Parinacochas (Ayacucho); una alternativa turí­stica que evoca la visión integradora del Qhapaq Ñan.

 
LA RUTA INCA DEL PESCADO
Pocas veces un destino es a la vez un libro abierto que nos revela la historia de los antiguos peruanos. Debí­a de tomar como verdad aquella lección o bufonada agraria o ignorarla por completo, total, no habí­a llegado a Quicacha para convertirse en un ‘paltólogo’, pero, siendo sinceros, serí­a una grave omisión no mencionar al cultivo y producto bandera de este distrito que es valle y montaña. Sin embargo, muy pocos —por no decir nadie— se atreverí­an a comenzar con las paltas el relato sobre una ruta que une el llano con la altura, el Pací­ico con los Andes, las olas inquietas de Puerto Inca con las aguas tranquilas de la laguna de Parinacochas. Lo único que podrí­a decirse en defensa del perpetrador de tal estropicio, es que trató de ser original.

 
El Qhapaq Ñan cruza este sistema de lomas, uno de los más importantes de la costa peruana. La ruta Inca de historia y aventura. Pocas veces un destino es a la vez un libro abierto que nos revela la historia de los antiguos peruanos. Este, que abarca tres departamentos, cumple ese cometido. Otra cuestión. Quizá este sea el momento de sugerirle que empiece a describir sus relajantes encuentros con el mar y sus orillas querendonas, sus planes de conocer ese sendero legendario que viene de la altura, y, por qué no, hasta reseñar los sendos platos de ceviche y lapas arrebozadas que alegraron sus almuerzos. Las huellas del inca Buen provecho, buenas perspectivas en Chala (Caravelí­), un distrito que es inquietud comercial en su zona norte, que es remanso playero en su sector sur, que es punto de partida y llegada hacia todos los puntos cardinales, excepto el oeste. Allí­ está el océano, la mamacocha a la que llegaban los chasquis del Tawantinsuyo, con la misión de llevar pescadito fresco al Cusco, para deleite de los hijos del Sol. Eso es lo que escuchó en los distritos de Caravelí­ (Arequipa) y Parinacochas (Ayacucho) incluidos en la llamada Ruta del Contisuyo, una propuesta turí­stica que busca la sostenibilidad medioambiental y el desarrollo de una actividad económica complementaria con la agricultura y la ganaderí­a en comunidades afectadas o en riesgo, frente a la explotación minera informal e ilegal. Eso es lo que escribieron los cronistas coloniales y lo repiten hoy los investigadores del Qhapaq Ñan. Eso es lo que descubrirí­a el redactor de las paltas, en el verdor de las lomas de Atiquipa y en las orillas vestidas de arqueologí­a de Puerto Inca (a 20 y 10 kilómetros de Chala, respectivamente), lugares donde viborean los tramos inales de un camino tentador y explorable. Ruta del Pescado Del Cusco a Caravelí­, pasando por Apurí­mac y el sur de Ayacucho, con su laguna de Parinacochas y su volcán Sara Sara, son 320 kilómetros recorridos en postas por 80 chasquis de pasos vertiginosos e irreductibles. Ellos no se palteaban al hacer el tramo, y al igual que el fruto emblema de Quicacha, rara vez se caí­an. Por eso sus mensajes y encargos llegaban en tan solo dos dí­as. Agota de solo pensarlo. Alegra no ser un chasqui. Da gusto saber que, al volver a Chala, una combi o un bus lo Allí­ está el océano, la mamacocha a la que llegaban los chasquis del Tawantinsuyo para llevar pescado al Cusco. Conducirá por una angosta franja de asfalto hasta Incuyo (Puyusca), la cuenta inal de un rosario turí­stico que es brisa marina, aire de valle, viento frí­o de meseta y de montaña; pero también una ví­a de esperanza para localidades secularmente olvidadas. Partir. De espalda al mar y de cara a lo desco – nocido. Cerros grises. Un cauce exiguo pero milagroso. En sus riberas crecen los olivos centenarios de Cháparra y las paltas de Quicacha, mas no los cactus de Sihuara que se yerguen entre los vestigios pétreos de Sahuara, un complejo arqueológico abandonado. A veces la historia sufre de amnesia. Dejar el llano. Ascenso. Curvas. Miles de metros sobre el nivel del mar. Amenaza de soroche. Una pampa. Varias vicuñas en libertad. Panorama andino. Contraste visual. Pensar que hace unas horas veí­a el mar. Ahora contempla la nieve del Sara Sara y se queda sin aliento cuando el horizonte es tomado por la laguna. No hay duda. Está palteado ante tanta belleza.

 

La zona arqueológica de la Quebrada de la Waca alberga el complejo que está constituido por grupos de chullpas, tumbas y plazas ceremoniales. Hay estudios que revelan que durante el incanato habrí­a sido un centro de acopio, pero además un lugar clave Vestigios del Qhapaq Ñan donde se intercambiaba productos hidrobiológicos y andinos que al parecer eran depositados en depósitos subterráneos o colcas, construidas con piedra. Hay restos del Camino Inca que uní­a la Quebrada de la Waca con el Cusco.

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