Era una noche de esas en donde no funcionaba el grupo electrógeno, ni la mini central hidroeléctrica en Pauza, la oscuridad hacia volar la imaginacioón de algunos pobladores, por ello se extrañaron al ver dos forasteros vestidos de poncho caminando por el pueblo, inmediatamente las especulaciones surgieron, decí­an que no eran del lugar porque nadie los reconocí­a, algunos decí­an que podí­an ser terroristas, ya que por aquellos años solo se sabí­a en Pauza de ellos por las noticias.
Los comentarios continuaron al dí­a siguiente, extrañados por la presencia de los forasteros, peor aún pensaban que podí­an ser terrucos, se notó un miedo natural en muchos del pueblo, quizás esto fue captado por algunos jovenzuelos, e idearon un plan del cual me entere y fui participe sin querer queriendo.
Otra noche más a oscuras, hora de tomarse un cafecito y para mi mala suerte este dulce elemento ya no habí­a en casa, era hora de ir a fiarse a la tienda de don Lorenzo Rodrí­guez (QEPD). Llegando a la tienda note un movimiento inusual en la casa de mi amigo Mamfredo Rosario, casa que quedaba casi al frente de la tienda, entraban y salí­an varios jóvenes, la mayorí­a colegiales de ese entonces. Tení­a que saber que sucedí­a ahí­, entre a la casa y me encontré con un grupo de jóvenes vestidos con ponchos, botas de regar, cascos de mineros, chullos y sombreros, algunos con unas ametralladoras de madera que usan en sus clases de instrucción pre miliar que por algún tiempo se daba en el colegio. Todos bien cubiertos que eran casi imposible reconocerlos, reconocí­ solo a algunos y me contaron su terrorí­fico plan.
Partí­ inmediatamente a mi casa, sin el azúcar, ni nada, e inmediatamente busque un poncho, encontré un casco de aquellos tiempos que usaba mi primo Walter Rojas cuando trabajaba en la Irrigación de Pauza, agarre un juguete (pistola de plástico) de mi sobrino Eugenio y salí­ al encuentro de los que sospechosamente se encontraban reunidos en la casa del gordo.
De vuelta en el lugar, ellos estaban ultimando los detalles y me explicaron que la idea habí­a surgido porque muchos pensaban que los forasteros que habí­an visto una noche antes podí­an ser terroristas, y como se pensaba que ya los terrucos habí­an llegado a Pauza, no tuvieron mejor idea que disfrazarse de terrucos y hacer una broma pesada a todos los visitantes asiduos de las cantinas que en ese entonces habí­an en Pauza.
El plan era ir a todas las cantinas. Como éramos muchos decidimos separarnos en dos grupos, para así­ poder cubrir la mayorí­a de bares del pueblo. Al final deberí­amos reunirnos en la plaza de armas, la primera cantina que fue ví­ctima de esta broma terrorí­fica era la que nos quedaba cerca, no recuerdo quien era el dueño, pero estaba ubicada en la calle de la casa de Eufemio Valencia y del Sr Espí­ritu Huaita. La cantina estaba completamente cerrada, pero se veí­a una tenue luz adentro, decidimos tocar la puerta y al abrir inmediatamente el dueño de la cantina pensó que eran los terrucos. Por ahí­ salió una amenaza contra su negocio, que si seguí­a vendiendo trago adulterado, que si seguí­a emborrachando a la gente en ese lugar, nunca más le permití­amos abrir su negocio.
Así­ continuamos en busca de la siguiente cantina. Como la mayorí­a eran colegiales querian darle un susto a su director de ese entonces, al Sr. Eladio Guadamur, ya estando por llegar a su casa algunos nos opusimos y continuamos con el plan que era solo cantinas y nada más.
Después de hacer lo mismo con algunas cantinas, la mayorí­a estaban vací­as y sin clientes. Era momento de ir a la plaza de armas y cerrar con broche de oro la broma a los visitantes del lugar más nocturno del pueblo, la tienda (timba) de don Manuel Ludeña — Mañuquito (QEPD), en el cual se reuní­an la crema y nata del vicio, para nuestra sorpresa el lugar estaba cerrado con un candado por fuera y que por esas horas ese local deberí­a estar aún funcionando.
Ya se habí­a corrido el rumor que los terrucos habí­an llegado a Pauza y por ello todos se habí­an puesto a buen recaudo, frustrados por no haber dado nuestro golpe maestro, quedamos a la espera del otro grupo que también se aproximaba a la plaza de armas.
Un grupo de noctámbulos que recién se habí­an enterado de la llegada de los terrucos a Pauza andaban rumbo a guarecerse en su hotel, uno de ellos era un conocido Caravileño (el negro caraveli) el cual fue interceptado por uno de los terrucos de esa noche y este a viva voz les gritaba ALTO CAYAJO, y repetí­a cada vez más fuerte ALTO CAYAJO, ALTO CAYAJO… estos al percatarse de su peciliar forma de hablar y gritar lo reconocieron. Dijeron… Wipi creo?, si es Wipi.
Es así­ que al dí­a siguiente todos fuimos a parar a la comisaria porque Wipi nos habí­a delatado por su forma peculiar de hablar que cualquiera reconocerí­a a pesar del disfraz que llevaba.
Esa noche estábamos tan bien disfrazados que yo a pesar de haber participado en esto, no sabí­a en su mayorí­a quienes eran, hasta el dí­a siguiente cuando fuimos cayendo uno a uno a la comisaria de Pauza, en donde por suerte ya no habí­a policí­as y solo estaba encargado el gobernador de ese entonces el Sr. Wilfredo Tamayo.
Aquí­ algunos participantes que recuerdo y a muchos ni siquiera los conocí­a. (la mayorí­a colegiales)
Mamfredo Rosario Salazar (Gordo)
Alan Pimentel Dorrego (Alaco)
Jorge Gutiérrez Guardia (Vicha)
Wilfredo Supanta Escobar (Wipi) QEPD.
Y Otros……  aunque me hubieran torturado, nunca los habria delatado, porque no conocia sus nombres.
El Escribidor

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