Por: Hernán Villaverde Huaita ( hvillaverde26@hotmail.com)
 
molinos-de-viento.jpg_1149960893Cada año, para mucho paucinos el acontecimiento de la Escenificación del Quijote de la Mancha es un acontecimiento que pasa inadvertido, cuando realmente (junto al Apóstol Santiago, Patrón de España y de Pauza) es la prueba más palpable de nuestra herencia hispánica. Este acto, escenificado un 19 Octubre de 1607, siempre pasó inadvertido, sin embargo su trascendencia debiera ser motivo de orgullo e identidad para nuestro pueblo.
En la primera semana de Noviembre del 2002, el Instituto Nacional de Cultura (Filial Pauza), convocó a un concurso (lectura e interpretación de cuentos), a nivel escolar en el ámbito de la provincia de Páucar del Sarasara en el marco de la celebración del 395 aniversario de esta memorable efemúrides. Sede de este evento cultural fue el Colegio Mariano Melgar de Pauza; lugar al cual acudieron niños (a) escolares de diversas jurisdicciones distritales, en numero sin precedentes (más de 800 participantes en total, distribuidos en tres niveles: primario, secundario (1ro a 3ro) y secundario (4to y 5to). El evento cultural generó mucha expectativa (al margen de los premios que fueron muy modestos), y esperamos que en los próximos años se institucionalice no solamente a nivel provincial sino a nivel regional en forma anual, ad portas de la celebración del 400 aniversario que será en el año 2007. Para esa ocasión, hay esfuerzos encaminados a nivel del Congreso de la República, para lograr hacer que Pauza sea declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y también sea reconocido como la Capital Cervantina de América, entre otras cosas, por el pasado histórico y cultural que comentamos. A todos los paucinos, donde quiera se encuentre, hagamos causa común para que estas futuras celebraciones, sea la oportunidad para hacer conocer nuestra tierra no solamente en el Perú, sino también a nivel mundial, a través de este portal que espero siga acogiendo todas las sugerencias y aportes, a fin de canalizar a las autoridades de nuestra tierra.
***** Al cumplirse trescientos noventicinco años de la primera escenificación de Don Quijote de la Mancha en América y segunda vez en el mundo ( la primera fue en Valladolid en 1605, España), nos parece oportuno hacer una breve reseña de esta, realizada en Pauza, Provincia de Parinacochas (en el actual departamento de Ayacucho) en la primavera de 1607. Para celebrar la fausta noticia del nombramiento del XI Virrey del Perú, en la persona de don Juan de Mendoza y Luna, Marques de Montesclaros, proveído por Real Cedula de Felipe III del 22 de Noviembre de 1606, al Corregidor de la Provincia de Parinacochas Licenciado Don Pedro de Salamanca, gran admirador del flamante Virrey poeta en América, preparó una fiesta en su homenaje que fue celebrada con gran pompa y majestad en Pauza, Capital de dicho Corregimiento el 19 de Octubre de 1607, la cual tenía por aquel entonces unos mil quinientos indios de encomiendas y no pasaban de una docena de vecinos españoles. Asistió especialmente invitado a dicha brillante actuación, el Corregidor de la vecina Provincia de Condesuyos, el Capitán don Pedro de Peralta Cabeza de Vaca (1556-1656), Jefe de la Casa de Peralta del Perú, Alcalde Ordinario de Arequipa en 1616, 1624 y 1636, el que acudió en compañía de su hermana doña María Solier Peralta y Robles, del marido de esta Juan de Larrea y Zurbano, relator de la Real Audiencia de Charcas y hasta tres o cuatro hijas de esta pareja, doncellas de esta familia rica. Si bien la iniciativa de esta fiesta se debió al Corregidor Salamanca (que hizo el papel de Caballero de la Ardiente Espada y de Fuerte Bradaleón), el alma de ella, en cuanto a sus detalles debieron ser de su Teniente Cristóbal de Mata (que representó al Dios Baco), vecino de Potosí, Román de Baños, Don Luis de Córdova, cordobés que escenificó de Don Quijote y el Padre Fray Antonio Martínez; éste último fue de manera especial, pues era sujeto de gran erudición y vasta cultura, nacido en Torrejón de Velasco, debido a este sapientísimo religioso puede suponerse fueron los motes que se sacaron en el acto y la relación por donde venimos a conocer aquella remota solemnidad celebrada en este rincón del Perú, con el Título “Relación de las Fiestas que se celebraron en la Corte de Pauza, por la nueva del Provinciano del Virrey en la persona del Marqués de Montesclaros, cuyo grande aficionado es el Corregidor de este partido, que les hizo y fue el mantenedor de una sortija celebrada con tanta majestad y pompa, que ha dado motivo a no dejar en silencio sus particularidades”. En el acto mismo de la obra, la entrada, permanencia y salida de Román de Baños, llevado pomposamente en rica litera, a la marca y usanza de los incas, como la hacían los Soras y los Lucanas (que por esta razón eran llamados “Los Pies de los Incas”), precedido con ellos, de muchos indios armados y vestidos de colores y del vistoso guión de plumas y seguido de muchedumbre de indias, semicubiertos de listados cumbis, haciendo taquies, esto es cantando y bailando al par que andaban y acompañado con sus viejas canciones del país, con el monótono y ensordecedor ruido de sus tamborinos o huáncares, era escena que de seguro haría recordar a los jueces (Fray Antonio Martínez), Juan de Larrea y Zurbano y Cristóbal de Mata; aquella imperial entrada que setenta y cinco años antes Atahualpa había hecho en Cajamarca. En aquella espléndida tarde primaveral, alumbrada la plaza por un sol poniente, entra por un lado, el más noble de los hidalgos, el más leal valiente y cortés y buen inclinado de los hombres “Don Quijote de la Mancha”, tal al natural y propio de cómo le pintan en su libro, que dio grandísimo gusto verle, venía caballero en un caballo flaco muy parecido a su rocinante, con unas calzitas del año y una cota muy mohoza, seguido de su fiel escudero Sancho Panza.
 
Esta magnífica escena en que se hermanan la gran civilización incaica y la vieja España, en este pequeño y apartadísimo rincón del Mundo, recién menos de un siglo descubierto, cerca de la bellísima laguna denominada igualmente Parinacochas y los que nos causa especial asombro es que aún no había pasado tres años desde que salió a la luz en Madrid, a millares de leguas de por medio, el inmortalísimo libro del Manco de Lepanto (Don Miguel de Cervantes Saavedra). Nota: Transcrito de un documento suelto y cuyo autoría corresponde a Jaime de Velando y Prieto.

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